Ya no creo en el amor como el enfoque totalizador del dar y entregar.
Porque nada es tan idílico como se muestra en una primera imagen.
Y porque nada es como lo imaginamos decidí… ya no creer.
El ver para creer no existe, por que todo lo que vemos tiene un nivel personal e histórico de distorsión.
Porque simplemente no hay que creer nunca, para nunca jamás rozar la punta de la desilusión.
Porque no hay que ser valiente ni perseverante cuando no se desea el masoquismo extremo.
Porque me quiero sólo, sin aprobaciones externas.
Porque las experiencias apremian a mi corazón y no a mi orgullo.
Porque el miedo ciega y el amor aún más.
Porque tengo rabia y estoy dolido.
Porque nada somos y en nada nos convertimos.
Porque nada importa y realmente nada es importante.
Y porque finalmente nadie sabe lo que quiere.
Hoy decidí honestamente…
no creer más.

